Cuando sales de una relación en la que te lo han prohibido todo crees que ya has aprendido suficiente. Piensas que no te va a volver a pasar más porque ya sabes lo que quieres y lo que no.
Bien, pues no es verdad.
Todavía no se sabe dónde está el punto. No se sabe si es problema tuyo, falta de autoestima, soledad...
O si simplemente las casualidades pasan y tenía que pasar.
La vida es un "no creo que estés segura de que hayas aprendido la lección sobre esto, vamos a repasar" es como un examen suspenso con un 4'9. Una y otra vez.
A veces, nos sentimos tan solos que buscamos las gotas de afecto a las que amarrarnos, buscamos la seguridad de tener a alguien a tu lado, con quien puedes ser débil y abrirte en canal con tus sentimientos. Alguien a quien puedes acudir cuando no tengas más fuerzas, pero no para que te levante sino para que te diga que está bien, que te puedes quedar ahí mientras él te protege.
Nunca dejéis que eso os pase.
El amor no es un bote salvavidas donde puedes guardar toda la mierda que tienes dentro. Y amor, no es aceptarla ni quedársela con tal de retener a esa persona en tu vida.
A veces aceptamos cualquier amor porque pensamos que estamos solos. También ese amor se encarga de decirte que no va a haber nadie que te quiera más, ni que te cuide más y que ahí estás seguro. Ahí está el error.
Los amores que curan problemas del alma no son amores. Una relación no va a hacer que te quieras más ni que te sientas menos solo. No va a quitarte todos los miedos porque no puedes dejar que otra persona lo haga por ti.
Si tienes que mejorar tu autoestima, quiérete tú. Si te sientes solo, quiérete tú. Si buscas consuelo en alguien, búscalo en ti. Porque te has olvidado de la parte más importante.
Entonces, es cuando ese amor te consume, no te ayuda, te absorbe. Pasa a ser lo más importante para ti y piensas realmente que es así, que ahí está el tope. Pasas de buscar tu aprobación para buscar la de tu amor porque, ese amor es de fiar, te ha elegido cuando ni si quiera tú eras la mejor opción para ti mismo. Eso no es amor.
Y por último llega ese día, que no es un día, ojalá lo fuera. En el que esa persona empieza a cansarse de tus problemas y los suyos. De tener que darte siempre el 100% y un poquito más. Llega el momento en el que te das cuenta de que esa persona no era lo que estabas buscando y es cuando no sabes realmente cómo has llegado hasta ahí.
Ahora ese amor se ha convertido en un vertedero donde ambos tiráis vuestras cosas rotas. No saber cuál de los dos está más amargado o quién empezó primero. ¿Y ahora qué? ¿Cómo dejas ir? Porque te has dado cuenta de que no puedes estar solo. Que necesitas a ese algo.
Esta es la parte de la que cuesta aprender la lección. Hay que dejar ir. No hay que tener miedo de mirar por dentro y de buscar qué es lo que estabas escondiendo que no te gustaba para llegar ahí, a buscar ese amor. Adictivo y tóxico, que nunca trae nada bueno.
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