Vuelta ya de vacaciones a la nueva rutina. ¿No os pasa a veces que crecéis tan rápido como personas que no os reconocéis con respecto a lo que erais hace un mes o dos? Pues eso es lo que me pasa a mí.
Me doy cuenta de lo mucho que necesitaba evolucionar cuando ya lo he hecho.
Tengo ganas de hacer cosas, de intentar que la nueva situación me afecte lo menos posible. Echo de menos trabajar. Me acuerdo cuando escribí el texto para Madrid Secreto sobre lo felices que nos hacían los bares y lo necesarios que eran. Y me da pena pensar en lo atrás que ha quedado todo eso.
Antes de la pandemia, antes de la cuarentena. Necesitaba unas vacaciones. Había dejado de disfrutar trabajando y después de un año me iba a tomar mis primeros días de desconexión. Ahora esos días se han convertido en casi medio año y no sabéis lo mucho que he apreciado lo que hago y cómo lo hago.
Hay en muchas ocasiones que acabas metida en una burbuja. En un carrusel que gira y gira y gira...
Llega un punto en el que no sabes salir, sólo sabes que necesitas un descanso.
Y ahora, al volver, me he dado cuenta de lo bien que me ha sentado, de todo lo que he cambiado y he conseguido. Me he enfrentado a mis miedos, a mi zona de confort. Y aunque no ha sido del todo fácil he aprendido muchísimo.
Por primera vez, me he escuchado, me he conocido a mí misma y he descubierto cosas que no sabía que hacía y de qué manera me afectaban.
Esta foto es de Málaga, de la Costa del Sol. Lugar al que he ido por segunda vez y me parece precioso. Es justo del momento en el que estaba amaneciendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario